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miércoles, mayo 23, 2007

Estúpida historia: la negación de los genocidios...




Rodolfo Windhausen ha publicado en “El Nuevo Herald.com” el artículo titulado “Negar los Genocidios”. En la nota se hace referencia a Mario Vargas Llosa; escritor que habría calificado la tendencia de negar los genocidios como una “monstruosa estupidez”

Como bien hace referencia Windhausen, esa grotesca estupidez se extiende cada vez más mediante argumentos igualmente estúpidos. Veamos algo de lo mencionado por el periodista en la siguiente cita:

“Y sin embargo, la estupidez, que muchos consideran un mal inmanejable, se está extendiendo con asombrosa velocidad y endebles argumentos. No sólo con respecto a genocidios del pasado sino, como recuerda el mismo escritor peruano, con respecto a de buena salud. Otras monstruosidades parecidas, aunque de menor escala, se siguen cometiendo sin que al mundo se le mueva un pelo: he ahí el caso de Cuba, donde cientos de miles de personas siguen sufriendo las consecuencias del odio, la persecución política y la negación de sus derechos más elementales; o el de Turquía, donde hablar del genocidio de los armenios en 1912 sigue estando prohibido y obliga a los que desafían la prohibición a sufrir el exilio o la ignominia.

De poco sirve que existan desde hace más de medio siglo los tratados internacionales contra el genocidio y la tortura, que surgieron poco después de la Segunda Guerra mundial como respuesta de la comunidad internacional a ese terrible problema moral derivado de las guerras, en las que parece una consecuencia más (caso Abu Ghraib) de la lucha contra el enemigo, sea éste real o imaginario.

Las negaciones pueden asumir muchas formas. Vargas Llosa ha propuesto dejar a los historiadores el análisis de los genocidios. Pero, ¿qué pasa cuando los historiadores también guardan silencio u distorsionan la verdad? Así ocurre, por ejemplo, con la mal llamada ''Campaña del Desierto'' de los años 1880 en la Argentina, emprendida por el general Julio A. Roca para exterminar a miles de indios de las pampas y la Patagonia. Un tema que apenas se menciona en los libros de historia argentina, casi siempre como ''mérito'' de la generación de Roca.

Ocon la salvaje represión de disidentes ocurrida en los años 1970, también en la Argentina, de la que hoy prácticamente no se habla, como si hubiera bastado con hacerle juicio y condenado a prisión a un puñado de oficiales de las fuerzas armadas (en 1985) para borrar de la memoria --entre otros recursos, con unas amnistías que han venido a ser tardíamente derogadas-- todo vestigio de esa atroz violencia
política”
De: Negar los Genocidios
Rodolfo Windhausen


Habría que agregar a la lista de negaciones que hace el escritor. Las declaraciones del Papa Bendicto XVI respecto a los procedimientos de la evangelización indígena en latinoamérica. Sin embargo, como se habrá podido apreciar, la calidad de los argumentos importan poco desde el momento en que los seres humanos creen en lo que quieren creer.

Lo mencionado en el párrafo anterior hace nuestra situación más preocupante. No porque existan políticas de Estado destinadas a borrar de la memoria colectiva masacres y aberraciones semejantes; no porque haya historiadores que han decidido cambiar la verdad por una existencia más placentera; no porque el Papa Benedicto XVI haya dicho que la evangelización indígena fue pacífica como el sueño de un bebé... sino porque al margen de cualquier argumento, la humanidad ha comenzado a darle la espalda a la historia para volverse hacia felices finales de cuentos de Hadas.

Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta


lunes, mayo 21, 2007

Un Chávez para un Benedicto




Los “profundos” conocimientos de historia de Benedicto, sucesor oficial del Apóstol Pedro (aunque dudo seriamente que Pedro haya autorizado el uso de su nombre para esos fines), le han vuelto a causar problemas. Como recordarán, ciertas apreciaciones históricas del papa Benedicto XVI le provocaron un fuerte dolor de cabeza por septiembre del año pasado.


Ahora, con motivo de su gira latinoamericana ha reincidido en dar clases no solicitadas de historia. Ahora el papa habría afirmado que la “evangelización” de los nativos en América no habría significado ni alienación ni imposición; sino que fue más pacífica que un capítulo de los teletubis... vaya una declaración.


Como bien enseña la sabiduría de la vida, para cada roto hay un descosido.


Hugo Chávez Frías, el paladín defensor de los intereses latinoamericanos y reivindicador de las “libertades” populares; ha solicitado, humildemente, como católico convencido y “campesino”, hijo de campesinos, que don Benedicto XVI se disculpe.


La petición de Hugo Chávez no es imposible ni impensable; como sabemos, el papa ya se disculpó ante los musulmanes. Lo que me pregunto es ¿cuántas iglesias católicas tendrá que arrasar Chávez para que el papa se disculpe? Porque, como recordaran, las excusas presentadas a los musulmanes no fueron gratuitas, hubo muertos y amenaza de ver aterrizar un Airbuss sobre la misma cúpula de San Pedro de por medio.


Hugo Chávez haciendo entrar en razón a nada menos que un papa. Parece otro titular de la cebolla.


Dos conclusiones a todo esto:




  1. El papa debería leer a Paul Johnson y su historia del cristianismo; el libro ofrece un interesante análisis de lo que le ocurrió al cristianismo cuando se implantó en occidente; la mezcla de la fe original y la estrucctura cultural occidental; y el cómo casi todos los movimientos evangelísticos posteriores (pacíficos o brutales) han implicado una suerte de imposición cultural. Ahora, si le gustaría entrar en más honduras, podría darle un check a los anales de los extirpadores de herejías (una especie de inquisición para la indiada).


  2. Queda una sensación de “Déja’ vu” en el asunto; un Papa diciendo pavadas, un Hugo Chávez poniéndolo en su sitio... una señal... ¿del fin?


    Roberto Pável
    Jáuregui Zavaleta



viernes, abril 20, 2007

Curas deciden que se acabó el limbo

¿Eureka? ... ¡por favor!










Un aviso en Menéame, me llevó a la página del País. La noticia: “La Iglesia Católica Borra el Limbo Después de Siglos”.

Las implicancias teológicas son simples: A partir de ahora, los bebés católicos que mueran sin bautizar, podrán acceder al mismo beneficio del que han gozado siempre los bebés protestantes, el de ir al cielo sin trámites burocráticos.

Las implicancias en cuanto a imagen de marca han resultado poco favorables: la noticia ha sido la delicia de los escépticos y ateos, quienes la han celebrado con el natural buen humor con que se acoge una metida de pata (Ver comentarios en Meneame)

Las implicancias institucionales son un poco más serias: la legitimación del cristianismo en su versión oficial (léase Católicos y similares) supone agentes autorizados que mantienen el monopolio de la fe por orden misma de Dios.

Como todos sabemos, se supone que la Iglesia Católica tiene el copyright de la doctrina verdadera, y aunque se sostenga que el Limbo nunca fue una doctrina oficial de esa iglesia; la espera, de aproximadamente unos 1,500 años, en la corrección del error resulta ciertamente inquietante. Más aun cuando, sin necesidad de reunión de la Inquisición (ahora llamada “Congregación de la Doctrina de la Fe”), las iglesias de la Reforma Radical jamás habían creído ese absurdo supersticioso.

El punto es, si durante siglos se permitió que los católicos se creyeran una barrabasada como que el bautismo sirve para que los bebés dejen de ser “moritos”, ¿cómo se puede asegurar que no están equivocados en todo lo demás? Se me viene a la cabeza el feo papelón de Galileo.

En fin, a esas cosas se expone uno cuando renuncia a la libertad de conciencia para convertirse en un seguidor de la manada.


Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta

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viernes, septiembre 29, 2006

Don Benedicto, Don Manuel, Mahoma y los Musulmanes






Don Benedicto XVI, vicario absoluto, Sumo Pontífice, Jefe de Gobierno y conocedor profundo de la historia universal, se deja llevar por el alma provocadora del claustro universitario y cita a un emperador bizantino (Manuel II Paleólogo), reflexionando sobre los dudosos aportes de Mahoma a la humanidad en los siguientes términos:

“…solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba…”



Los musulmanes, alcaedas y demás balnearios, se sienten naturalmente ofendidos, porque como todos sabemos, no hay cosa que ofenda más que la verdad. Caramba, decir esas cosas del Islam, Alá y mahoma, su profeta; era ofensa y de las serias. Seguramente sus pacíficas almas habrán pensando, “¿Qué nosotros hemos hecho cosas malvadas e inhumanas?... si solamente quemamos la biblioteca de Alenjandría, invadimos el norte de África, España, Asia menor, Constantinopla, secuestramos a los atletas israelíes, hicimos travesuras en un tren en Espala… ah! ¡Y nos bajamos las Torres Gemelas!”

Es comprensible la indignación del pueblo musulmán, expresarse de ese modo del Islam era tan ruin y calumnioso como hablar mal del mismo Gandhi (que no era musulmán, pero seguro tan pacífico como Mahoma). Supongo que en ese momento habrán pensado: “¡Hey! ¿Qué es lo que un pueblo pacífico y devoto como nosotros haría frente a un ataque de esta naturaleza? ¿Qué es lo que Gandhi, Buda, o Jesucristo habrían hecho en esta situación?”… Y zas, 16 iglesias católicas quemadas y una religiosa voluntaria muerta han ayudado a la humanidad a entender que Manuelito II alias Paleólogo está completamente “pasado de moda”.

Como vemos, las cosas están claras… excepto por una cosa. Si don Benedicto XVI , don Manuel II y demás números han dicho la verdad, ¿porqué disculparse? Decir la verdad le costó la cabeza a Juan el Bautista, malos ratos a Jeremías, una muerte doloras a Isaías, el martirio a Esteban, no recuerdo que ninguno jamás se haya disculpado por decir lo que tenia que decir.

Pável Jáuregui
http://http://www.mexicosiemprefiel.com/visita_alemania_2006/

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