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lunes, octubre 09, 2006

Los dilemas de Grisham




John Grisham (escritor de legal thrillers) no es un autor cuyos libros se caractericen por la profundidad metafísica. No hay sufrimiento existencial en su obra; tampoco un punto de vista estético del dolor humano. No encontraremos un relato de las elegantes proporciones de Yourcenar, ni la narrativa poderosa de Gogol o Víctor Hugo.

Grisham, en cambio, construye relatos lineales con una maestría admirable. Sus personajes son seres de verosimilitud fílmica, y sus tramas se desarrollan de un capítulo a otro con soltura adictiva. Sus libros se meten en tu mente, te atrapan y te conducen por intrigas judiciales, que si bien percibes no son ciertas, las terminas aceptando como una “realidad” paralela.

Hace unas horas, en la página de “USAToday”, apareció una nota anunciando la publicación de su último libro; con un tiraje 2.8 millones de copias (Cifra por demás impensable en la miserable industria literaria nacional) se publicará “The Innocent Man” Lo interesante de esta edición, es que se trata del primer libro basado en un hecho de la vida real. La historia Ron Williamson, …”a once promising ballplayer who spent 11 years on Oklahoma's death row for a rape and murder he did not commit” (una vez prometedor jugador de baseball, quien pasó 11 años con condena a muerte en Oklahoma por violación y asesinato que no había cometido).

Ron Williamson era un hombre que padecía de problemas mentales, vivir cerca de la víctima y su historial de conducta problemática fue la única evidencia que se usó para determinar su condena. Policías, el fiscal, el juez y un “detector de mentiras” conspiraron para condenar ese hombre. Luego de 11 años, apenas cinco días antes de su ejecución, una prueba de ADN demostró su inocencia.

El libro de Grisham se presenta como una dura crítica al sistema norteamericano, y también como un serio cuestionamiento a la pena de muerte. La lógica indignación que provoca la condena de un inocente nos lleva hacia ese camino... aparentemente...

Mi punto es, que en una perspectiva la condena de un inocente, puede ser el argumento perfecto para no castigar a los culpables; en otra, la condena de un inocente puede ser el argumento perfecto para no dejar impune tal aberración.



Roberto Pável
Jáuregui Zavaleta


sábado, septiembre 16, 2006

Pena de Muerte: Entre la Hipocresía y la Barbarie


“La pena de muerte sería volver a la barbarie”... he aquí una frase llena de vigor, retórica y falsedad.
No la comparto ni me dejo impresionar por ella por la sencilla razón de que jamás hemos salido de la barbarie. Cuando salgo a la calle me encuentro con la barbarie por todos lados, en el tránsito, en los periódicos, en los secuestros al paso, en los secuestros de niños, en todos los secuestros, en las violaciones, en los asesinatos de cambistas, en los asesinatos de obreros, en todos los asesinatos, en nuestra mediocre literatura regional, en el seguro social, en las esquinas, en las veredas, en la Policía Nacional del Perú, en el Poder Judicial, en la Dirección Regional de Educación, en el Instituto Nacional de Cultura, en el Colego de Abogados, en las disputas “espirituales” de la iglesia evangélica y en las paganas procesiones de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.
La barbarie es el medio en el que vivimos y en el que hemos crecido. La barbarie nos lleva a excarcelar delincuentes y asesinos; y nos hace defender la vida de quienes aniquilan nuestros hijos y nuestras familias.

¿Y cómo lo hace? Una sola palabra: Hipocresía

La barbarie en el Perú se ha disfrazado de hipocresía. Los grandes juristas se rasgan las vestiduras haciéndonos creer que luchan por la razón y por el Derecho. Sin embargo, durante años han permitido el envilecimiento de nuestra administración de justicia manteniendo uno de los sistemas judiciales más absurdos y corruptibles, no del mundo, sino de la historia; los prelados de la Iglesia, se rasgan las vestiduras en defensa de la vida, cuando hasta hace unas décadas la tortura, la muerte y la Inquisición eran sus métodos favoritos de esparcir el evangelio; finalmente grandes e insignificantes hombres de letras y artistas de diversa índole han enarbolado la “bandera de la vida”, y buscando dorarse con un poco de mística y altruismo marketero y civilizado, han salido ha emitir sendos pronunciamientos contra la pena de muerte; porque esa es la manera más fácil de pasar por intelectual y hombre racional.

Todos le dicen “no” a la pena de muerte y aparentan ser hombres de una constitución más allá de las bajas pasiones. Sin embargo lo único que demuestran es que son hombres cuyo pensamiento está más allá de la realidad.

La verdad es que la pena de muerte existe en el Perú y ha estado vigente desde siempre. La pena de muerte está vigente sobre los indefensos, sobre los trabajadores, sobre las gentes de bien, sobre los cambistas, sobre los niños, sobre todos aquellos que no usamos armas, sobre todos aquellos que trabajamos para lograr un futuro mejor para nuestras familias. Es una pena rápida y sumaria, porque el criminal encargado de su ejecución no requiere de un juicio previo, ni testigos, ni pruebas, su única razón es su propia codicia o sus deseos corrompidos. Esta es la pena de muerte que está vigente también sobre nuestros hijos, no consiste en la eliminación simple de la vida, sino su destrucción dolorosa y cruel.
Como dije antes, no es posible que la pena de muerte sea una vuelta a la barbarie, porque la barbarie convive con nosotros diariamente en su forma más terrible: la impunidad.
Roberto Pável Jáuregui Z.

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